La Puna es indómita, inmensa, inhóspita: un paisaje caprichoso que parece sacado de otro planeta, donde la vida se abre camino en las condiciones más extremas. Ahí, la altura y los cuatro elementos convierten al terruño en un lugar perfecto para elaborar vinos únicos. La gran amplitud térmica de la zona —que llega a 20°C de diferencia entre el día y la noche— hace que las uvas acumulen taninos, polifenoles y antocianas en gran cantidad, mientras los suelos de pizarra, poco profundos y de buen drenaje, aportan una mineralidad muy particular. De ahí nacen el Torrontés, el Malbec en sus versiones Reserva y Gran Reserva, el Cabernet Franc, el Syrah, el Tempranillo y las líneas Helios, Occidente y Recóndito — este último, elaborado a 3350 metros en La Poma, entre los vinos más altos del mundo.