Todo empezó en 1928, cuando Don Pedro Mabellini llegó desde Brescia, Italia, y se instaló en este rincón de la Patagonia donde hoy se encuentran los ríos Limay y Neuquén, justo en el paralelo 38° sur. Casi cien años después, sus descendientes Carlos Mabellini y Lorena Nicolás Creide siguen sosteniendo esa tradición familiar en un territorio que hoy convive con la expansión urbana. La bodega trabaja 25 hectáreas repartidas en dos fincas bien distintas: Confluencia, en Neuquén, con suelos franco arenosos y vides jóvenes plantadas en 2018 (Malbec, Pinot Noir, Chardonnay, Cabernet Franc), que dan vinos frescos y frutados; y Mainqué, en Río Negro, con 20 hectáreas de viñedos de más de 70 años —algunos plantados antes del censo nacional de 1931— sobre suelos arcillosos, que aportan concentración y equilibrio. De ahí nace también el proyecto "112 Hileras", una recuperación de variedades históricas casi olvidadas como la Balsamina, junto a Trousseau, Bonarda, Criolla Grande y otras cepas que vuelven a tener voz propia, con apoyo técnico de la Universidad Nacional del Comahue.